viernes, 19 de diciembre de 2014

Relato breve de Halloween. No compres lo que no puedes pagar - Primera parte


 “Toc, toc…”- sus nudillos preguntaron a la puerta y el leve eco casi sordo del golpe contestó “adelante”. Pasó en silencio casi sin hacer ruido, al ritual mudo se unió la puerta que chirrió en el lenguaje de signos. Ya dentro, no pudo adivinar el tamaño del habitáculo, todo era negrura a su alrededor, la poca luz que la había acompañado se volvía por donde había entrado cerrando la puerta tras de sí. Caminó uno, dos, tres pasos y se detuvo, imaginó una habitación inmensa, imaginó que no había paredes ni principio ni fin, continuó andando, cuatro, cinco, se volvió a detener, imaginó una mesa rectangular en el centro de la sala infinita, se imaginó sentada en uno de sus laterales asistiendo a una reunión de gente muy peculiar, sus amigos. Seis, se detuvo definitivamente cuando un fogonazo de luz la envolvió en un aro luminoso de un metro de radio; cerrando los ojos, retirando la cara y tapando con su brazo el fulgurante ataque sorpresa, trató de vencerlo adaptando sus pupilas a esta nueva situación visual, cuando lo hubo logrado se descubrió en el centro de un escenario del que parecía un viejo gran teatro dolorosamente deteriorado. Y en su cabeza de nuevo sus amigos, ¿dónde estarían? ¿por qué no habían venido a la cita anual? El público enmascarado llenaba todos los asientos desde butacas a paraíso, la miraban expectantes sin hacer movimiento alguno, en sus máscaras falsas sonrisas de porcelana o amenazadoras muecas inamovibles insinuaban paciencia. Imaginó que la reunión se había dado por concluida y que los asistentes se levantaron todos a una y salieron fuera, entonces tomó consciencia, no era su imaginación, eran sus recuerdos. La noche aquélla llovía, la reunión no había terminado naturalmente, había sido bruscamente interrumpida, unos gritos de auxilio fuera hicieron a todos acudir en ayuda, La Muerte había pasado por la serranía donde pasaban unos días de convivencia y la mujer de la última víctima corría pidiendo asilo en el caserón, accedieron, la acogieron y, por piedad, erraron.
El público aplaudió entre risas y volvió de nuevo al silencio.




El recuerdo vago le mostró a la mujer explicando la terrible muerte de su marido, los chicos incrédulos tratando de calmarla y los tres golpes del hierro segador contra la madera de la puerta solicitando entrar. Los chicos ingeniando soluciones de huida y saliendo victoriosos de tan terrible situación. El alarido, que inspiraba llanto, de La Muerte por su fracaso. Y nada más.



El público se movió incómodo en sus asientos demostrando discordia. "¿Estoy en el infierno?" - se preguntó- "¿serán ellos El Diablo?". Mudas las máscaras se elevaban hacia ella como adorando a quien les ha dado lo mejor de sí. "¿Y si mis amigos han acudido a la cita? ¿y si quien ha faltado he sido yo?". Trató de salir del escenario pero los bastidores eran de una oscuridad tal que meterse en ellos sabía que supondría no volver a salir, la primera fila de butacas estaba sitiada por gentes con las máscaras más espeluznates, casi todas exhibían desesperación, y la puerta por la que había entrado que quedaba justo a sus espaldas estaba cerrada severamente. Entonces miró a un lateral donde colgaban dos cuerdas, con más rabia que miedo tiró de una de ellas, el telón comenzó a cerrarse y el público calmadamente la despidió con flemática ovación

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